26 October, 2026
Economía

Minería ilegal destruyó más de 14.000 hectáreas en Antioquia: siete veces el tamaño de Itagüí

Minería ilegal destruyó más de 14.000 hectáreas en Antioquia: siete veces el tamaño de Itagüí

En Hiidruitango Un informe del Ministerio de Minas y Energía y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito advierte sobre el impacto de la extracción ilegal de oro de aluvión. El Bajo Cauca concentra buena parte de la problemática, que combina destrucción ambiental, economías criminales y presión sobre los ríos.

La minería ilegal de oro continúa dejando una profunda huella ambiental en Antioquia. Entre 2018 y 2025, esta actividad provocó afectaciones a la vegetación en 14.174 hectáreas del departamento, una extensión equivalente a siete veces el territorio de Itagüí. La cifra hace parte de un informe sobre explotación de oro de aluvión elaborado por el Ministerio de Minas y Energía y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que también advierte sobre la expansión de esta actividad y su relación con las economías criminales.

El panorama resulta especialmente preocupante en el Bajo Cauca antioqueño, donde las dragas y los llamados dragones brasileños intervienen los cauces de los ríos Cauca y Nechí para extraer minerales. Estas operaciones remueven grandes cantidades de suelo, alteran los ecosistemas y pueden deteriorar las fuentes hídricas. Al mismo tiempo, los recursos obtenidos de la explotación ilícita representan una fuente de financiación para estructuras armadas ilegales.

Las cifras también muestran la dimensión económica del fenómeno. Durante 2025, Antioquia registró 24.282 hectáreas explotadas ilegalmente para extraer oro de aluvión. Esta modalidad representó más de la mitad de la superficie departamental intervenida para esa actividad, según los datos recogidos por el medio regional.

Síguenos. La noticia no se detiene.

Las cifras que revelan el daño ambiental

El informe distingue entre las áreas donde se identifica explotación de oro de aluvión y las superficies de vegetación afectadas por la minería ilegal. Aunque son indicadores diferentes, ambos permiten dimensionar la presión que enfrenta el territorio.

En Antioquia, las 14.174 hectáreas de vegetación afectadas entre 2018 y 2025 equivalen a siete veces el área de Itagüí. A escala nacional, la pérdida de vegetación asociada a la explotación de oro de aluvión llegó a 56.701 hectáreas durante ese periodo, de las cuales 50.371 fueron atribuidas a la minería ilegal. Es decir, cerca del 89 % de la afectación identificada en el país estuvo relacionada con actividades ilícitas.

La extracción ilegal de oro de aluvión consiste en recuperar el mineral presente en sedimentos de ríos, arroyos y llanuras. Para hacerlo, algunas operaciones utilizan maquinaria que remueve suelos y materiales del lecho fluvial, lo que puede transformar extensas zonas naturales en superficies degradadas.

La pérdida de vegetación no es el único impacto. La alteración de los suelos, la modificación de los cauces y la contaminación de las fuentes hídricas pueden afectar la conectividad de los ecosistemas, la regulación del agua y la recuperación natural de las zonas intervenidas.

El Bajo Cauca, entre las regiones más afectadas

Los municipios de Nechí, Cáceres, El Bagre y Zaragoza aparecen entre los territorios donde se concentra la explotación ilegal de oro de aluvión en Antioquia. Su ubicación, cercana a las cuencas de los ríos Cauca y Nechí, los convierte en zonas estratégicas para las operaciones de extracción.

En estos sectores, las dragas y los dragones brasileños se utilizan para succionar materiales de los cauces y recuperar el oro. La magnitud de la maquinaria y la continuidad de las operaciones permiten intervenir áreas extensas, pero también elevan el impacto sobre los ecosistemas acuáticos y terrestres.

De acuerdo con el informe citado , durante 2025 se explotaron ilegalmente 24.282 hectáreas en el departamento, un aumento del 10 % frente a 2024. En total, la superficie dedicada a la explotación de oro de aluvión superó las 45.000 hectáreas.

El problema no se limita a los daños visibles desde el aire. Las transformaciones de los cauces y la pérdida de cobertura vegetal pueden alterar las condiciones de las riberas y afectar los servicios ambientales de los que dependen las comunidades locales.

Hidroituango recupera sus reservas, pero aún necesita llegar a la cota 420

Minería ilegal y financiación de grupos armados

La explotación ilícita del oro también preocupa por su relación con estructuras armadas que obtienen recursos de la extracción y comercialización del mineral. Según la información publicada, parte de estas rentas termina en manos de organizaciones como el Clan del Golfo y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

La minería ilegal puede convertirse en una fuente de financiación criminal mediante el control de zonas de extracción, el cobro de pagos a operadores y la comercialización del oro fuera de los canales formales. Este escenario dificulta las labores de las autoridades porque la intervención ambiental está vinculada con disputas por el territorio y con redes económicas ilegales.

El informe también identifica una coincidencia geográfica entre la explotación de oro de aluvión y los cultivos de coca. En Antioquia, más de 9.000 hectáreas destinadas a la extracción de oro coinciden con áreas donde se reportan cultivos ilícitos, una situación que complica el control institucional en municipios como Zaragoza, Nechí, Cáceres, El Bagre y Caucasia.

Esta superposición no significa que todas las operaciones mineras estén directamente vinculadas con los cultivos de coca, pero sí evidencia que distintas economías ilegales pueden coincidir en territorios donde las autoridades enfrentan dificultades para ejercer control sostenido.

Las millonarias rentas detrás de la extracción ilegal

El atractivo económico del oro contribuye a mantener activa esta actividad, incluso cuando las autoridades destruyen maquinaria utilizada para la extracción. La Policía estimó que la cadena de producción ilegal de oro en Antioquia generó rentas superiores a los $558.000 millones anuales, de acuerdo con cifras citadas.

Uno de los obstáculos para frenar la actividad es el costo de reemplazar los equipos incautados o destruidos. El medio reportó que un dragón brasileño puede costar miles de millones de pesos, pero la rentabilidad de la extracción puede permitir que las organizaciones recuperen la inversión en un periodo relativamente corto, dependiendo de la producción y de las condiciones de operación.

Como ejemplo de la respuesta institucional, el 28 de septiembre se realizó un operativo en El Bagre en el que fueron destruidos tres dragones brasileños, dos excavadoras, cuatro dragas tipo buzo y 13 motores industriales. Según las cifras divulgadas, la intervención afectó en más de $11.130 millones la capacidad de operación de una subestructura del Clan del Golfo que explotaba oro en el río Nechí.

Sin embargo, estos procedimientos no eliminan por sí solos las redes económicas que sostienen la minería ilegal. Las autoridades también necesitan identificar a quienes financian las operaciones, controlan la comercialización y facilitan el movimiento del oro fuera de los canales legales.

El oro ilegal también golpea al mercado formal

La expansión de la minería ilícita genera una competencia desigual frente a las empresas y los pequeños mineros que cumplen los requisitos técnicos, ambientales y legales. Quienes operan al margen de las normas pueden evitar parte de los costos asociados con los permisos, los controles y las obligaciones ambientales.

Además, el oro obtenido ilegalmente puede entrar en circuitos de comercialización que dificultan establecer su procedencia. Representantes del sector han advertido sobre el contrabando del mineral y la salida de recursos que deberían pasar por los canales formales de comercialización.

En el ámbito nacional, el informe citado ,registró 118.410 hectáreas con explotación de oro de aluvión durante 2025, un aumento del 5 % frente a 2024. De esa superficie, 72.998 hectáreas correspondieron a explotación irregular, alrededor del 75 % del total.

Estas cifras muestran que el problema no es exclusivo de Antioquia, aunque el departamento enfrenta una situación particular por la extensión de las zonas intervenidas y la presencia de estructuras armadas en territorios mineros.

El desafío de recuperar los ecosistemas afectados

La magnitud del daño plantea un reto que va más allá de los operativos contra la maquinaria. Recuperar las zonas intervenidas requiere controlar la continuidad de la extracción ilegal, evaluar las afectaciones ambientales y desarrollar acciones que permitan la restauración de los ecosistemas.

También resulta fundamental fortalecer la vigilancia de las cuencas, rastrear el origen del oro y cerrar los espacios que permiten comercializar el mineral sin verificar su procedencia. Sin estas medidas, la destrucción ambiental puede continuar incluso después de que se retiren los equipos de determinadas zonas.

El Bajo Cauca concentra buena parte de la preocupación por la minería ilegal en Antioquia, pero las cifras evidencian una problemática de alcance nacional. La pérdida de más de 14.000 hectáreas de vegetación en el departamento durante siete años refleja el costo ambiental de una actividad que, además de transformar el paisaje, puede financiar estructuras criminales y debilitar el mercado formal del oro.

El desafío para las autoridades será lograr que los controles ambientales, las investigaciones económicas y las acciones contra las redes criminales se mantengan en el tiempo. De ello dependerá que las intervenciones no sean únicamente temporales y que los territorios afectados tengan posibilidades reales de recuperación.

Foto del avatar
About Author

Alejadra Monet

Periodista antioqueña buscando historias donde otros ven rutina. Apasionada por el periodismo de calle, la cultura urbana y las transformaciones que mueven a Medellín.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *