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Los “semáforos humanos” de Bello: la historia de quienes regulan el tráfico por propinas y sin pensión

Los “semáforos humanos” de Bello: la historia de quienes regulan el tráfico por propinas y sin pensión

Adultos mayores, personas con discapacidad y habitantes del municipio controlan el tránsito en puntos críticos de Bello con paletas de “Pare y Siga”. Lo hacen sin contrato, sin seguridad social y dependen de las monedas que reciben de los conductores.

En varios sectores de Bello, donde las vías estrechas y la falta de infraestructura dificultan la movilidad, un grupo de ciudadanos asumió una tarea que normalmente correspondería a sistemas de control vial. Con chalecos reflectivos, paletas de “Pare y Siga” y largas jornadas bajo el sol o la lluvia, regulan el tránsito a cambio de las monedas que voluntariamente les entregan los conductores.

Se trata de los llamados “semáforos humanos”, una realidad que se mantiene desde hace más de una década en algunos puntos del municipio y que refleja tanto la solidaridad de la comunidad como las dificultades de planificación urbana que enfrenta Bello.

La vía La China: donde nació la solución comunitaria

Uno de los casos más representativos se encuentra sobre la vía La China, el único corredor que comunica el casco urbano de Bello con el corregimiento de San Félix.

Allí trabaja Sandra, quien desde hace cerca de 12 años participa en esta labor y desde hace siete ocupa un turno fijo en una de las casetas amarillas instaladas por la comunidad.

Cada día se prepara como si fuera a una empresa formal. Se viste con esmero, toma su paleta reflectiva y comienza una jornada dedicada a organizar el paso de buses, camiones, volquetas y motocicletas.

La carretera presenta un problema estructural: en varios tramos solo permite el paso de un vehículo a la vez y las viviendas construidas a ambos lados hacen prácticamente imposible ampliarla.

Antes de que existieran estos controles comunitarios, los trancones podían extenderse durante horas y los accidentes eran frecuentes.

La iniciativa nació cuando un grupo de niños comenzó a detener vehículos con señales improvisadas para evitar el caos. Posteriormente, un vecino construyó dos casetas, consiguió las paletas reflectivas y organizó turnos entre los habitantes.

Actualmente ocho personas se alternan la operación de estos puntos durante gran parte del día.

Un trabajo esencial, pero sin garantías laborales

Aunque para muchos conductores su labor resulta indispensable, ninguno de estos reguladores cuenta con contrato laboral, afiliación a seguridad social o pensión.

Pedro, de 77 años, es uno de ellos.

Nació con una pierna más corta que la otra, condición que dificultó durante décadas su acceso al empleo formal.

Hoy trabaja desde las cuatro de la mañana hasta las cinco de la tarde regulando el tráfico y recibe, en un buen fin de semana, entre 30.000 y 40.000 pesos.

Además del esfuerzo diario, ha invertido dinero de su propio bolsillo para reforzar la caseta donde permanece, luego de que varios vehículos sin frenos la impactaran.

Otros cruces también dependen de los “semáforos humanos”

La práctica también se extendió a otros sectores del municipio.

En la carrera 48 con transversal 56B trabaja Arcángel de Jesús Raldo, quien lleva cinco años controlando el tráfico tras ser invitado por vecinos preocupados por la cantidad de accidentes.

Muy cerca de allí, en la carrera 48 con calle 54, Luis Rivera realiza la misma labor.

Tiene 70 años, perdió ambas piernas por complicaciones derivadas de la diabetes y nunca logró pensionarse porque solo cotizó al sistema de salud.

Aunque cerca del lugar fue instalado un semáforo, asegura que su presencia sigue siendo necesaria para evitar congestiones y accidentes.

El origen del problema está en la infraestructura

El fenómeno de los “semáforos humanos” está directamente relacionado con el crecimiento urbano que experimentó Bello durante décadas.

El municipio mantiene un Plan de Ordenamiento Territorial cuya última revisión se realizó en 2009, mientras muchas vías presentan limitaciones físicas que impiden ampliaciones.

A esto se suma el deterioro de la malla vial y la falta de soluciones definitivas en algunos corredores estratégicos.

En el caso de la vía La China, las condiciones del terreno y la cercanía de las viviendas hacen prácticamente imposible ejecutar un ensanchamiento sin poner en riesgo las construcciones existentes.

Una labor que sostiene la movilidad del municipio

Mientras no existan soluciones de infraestructura, estos ciudadanos continúan desempeñando una función esencial para miles de conductores que transitan diariamente por Bello.

Lo hacen sin salario fijo, sin prestaciones y dependiendo únicamente de la voluntad de quienes pasan por los puntos donde trabajan.

Cada moneda representa el reconocimiento a una labor que surgió desde la comunidad para resolver un problema que aún espera una solución definitiva.

¿Quiénes son los “semáforos humanos” de Bello?

Son habitantes del municipio, entre ellos adultos mayores, amas de casa y personas con discapacidad, que regulan manualmente el tránsito en puntos críticos utilizando paletas reflectivas de “Pare y Siga” para evitar congestiones y accidentes.

¿Por qué existen estos reguladores de tránsito comunitarios?

Su labor nació como respuesta a problemas de infraestructura vial, especialmente en sectores donde las calles son demasiado estrechas, no existen semáforos o el paso simultáneo de dos vehículos resulta imposible.

¿Reciben salario o algún apoyo del Estado?

No. Los “semáforos humanos” trabajan de manera informal, sin contrato laboral, seguridad social ni pensión. Sus ingresos dependen exclusivamente de las propinas que voluntariamente entregan los conductores.

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Andres Celeste

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