3 November, 2026
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El edificio de los Galeano en Itagüí donde aseguran que ocurren fenómenos paranormales

El edificio de los Galeano en Itagüí donde aseguran que ocurren fenómenos paranormales

La antigua propiedad vinculada al clan Galeano, relacionado con el Cartel de Medellín, permanece deshabitada y bajo administración de la SAE. Vecinos y trabajadores del sector cuentan historias de voces, sombras y ruidos extraños, especialmente en el apartamento 301.

A pocas cuadras del parque principal de Itagüí, en el sur del Valle de Aburrá, se encuentra un edificio de cuatro pisos y 16 apartamentos que carga con una historia ligada al narcotráfico colombiano. La propiedad perteneció a la familia Galeano, relacionada con el Cartel de Medellín, y desde hace varios años está bajo administración de la Sociedad de Activos Especiales (SAE).

Pero más allá de su pasado criminal, el inmueble se ha convertido en protagonista de relatos que circulan entre habitantes y trabajadores del sector. Algunos aseguran que en su interior se escuchan voces, golpes y discusiones, mientras otros dicen haber visto sombras y luces encendidas en apartamentos que permanecen desocupados.

Las historias han alimentado la creencia de que en el lugar ocurren fenómenos paranormales. Uno de los espacios que más llama la atención es el apartamento 301, donde un visitante aseguró haber sentido una presencia extraña y presenciado cómo una puerta de clóset se abrió sin que nadie la tocara.

Sin embargo, estos relatos corresponden a testimonios de personas que han tenido contacto con el inmueble y no constituyen pruebas de actividad sobrenatural.

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¿Dónde está ubicado el edificio de los Galeano en Itagüí?

La propiedad está situada en la calle 53 número 50-85, aproximadamente a tres cuadras del parque principal de Itagüí. Se trata de una edificación de cuatro niveles con 16 apartamentos.

Según la información entregada por la SAE a EL COLOMBIANO, el inmueble está identificado con el folio de matrícula inmobiliaria 001-349637 y permanece bajo administración de esa entidad desde el 3 de febrero de 2014, después de un proceso de extinción de dominio.

Aunque algunos vecinos lo describen como abandonado desde hace cerca de 15 años, la SAE aclaró que el inmueble no se encuentra en estado de abandono. La entidad indicó que adelanta actividades de alistamiento y gestión con miras a su comercialización.

Vecinos aseguran escuchar voces y ruidos durante la noche

Ómar Guerra es uno de los trabajadores del sector que conoce la historia del edificio. Según contó a EL COLOMBIANO, tuvo contacto con Fernando, conocido como ‘el Negro’ Galeano, y lleva más de una década trabajando cerca de la propiedad.

El hombre aseguró que en algunas noches ha escuchado ruidos provenientes del interior del inmueble, similares a discusiones y objetos que caen al suelo, pese a que sabe que los apartamentos están desocupados.

A su relato se sumó Eduar, un taxista que trabaja en la zona. Según su testimonio, después de la medianoche ha observado cómo se enciende una luz en un apartamento del segundo piso, aunque no habría residentes en el lugar.

También afirmó haber visto sombras y escuchado voces durante sus recorridos nocturnos.

Andrés, otro trabajador que lleva 18 años en el sector, aseguró que ha escuchado historias similares de vigilantes que han prestado sus servicios en la edificación.

Los testimonios han contribuido a que el inmueble sea asociado con historias de supuestas presencias extrañas. No obstante, las versiones no han sido verificadas mediante evidencia que permita confirmar fenómenos paranormales.

El apartamento 301, el lugar que concentra las historias

Uno de los espacios más mencionados es el apartamento 301. Ramiro Giraldo Colorado, ingeniero financiero, contó que visitó la propiedad hace aproximadamente dos años junto con su suegro y un funcionario de la SAE.

En ese momento, según su relato, les ofrecieron la posibilidad de administrar el inmueble y subarrendar los apartamentos. La propuesta contemplaba un valor de 500.000 pesos por unidad.

Giraldo aseguró que durante el recorrido sintió una sensación de incomodidad, especialmente al llegar al apartamento 301. También describió que las paredes estaban pintadas de diferentes colores y de manera irregular.

El visitante relató que el vigilante le habló de una visita de un sacerdote al apartamento, quien supuestamente habría realizado una intervención religiosa por las historias que circulaban sobre el lugar.

Además, Giraldo afirmó que mientras estaba allí una puerta del clóset se abrió aparentemente sola.

Ómar también recordó las paredes de distintos colores y mencionó que en el pasado se habían difundido comentarios sobre rituales en ese apartamento. Sin embargo, esas versiones no cuentan con verificación independiente.

El inmueble tampoco fue arrendado por el familiar de Giraldo, quien habría considerado que las condiciones físicas de la propiedad requerían inversiones importantes. Entre los problemas mencionados estaban las redes de servicios públicos, la distribución de los gastos y los daños en algunas paredes.

La historia criminal detrás de la propiedad

Para entender por qué el edificio despierta tanta curiosidad, es necesario regresar a los años más violentos del Cartel de Medellín.

Cuando Pablo Escobar se entregó a las autoridades el 19 de junio de 1991 y fue recluido en la cárcel La Catedral, delegó parte de la administración de las finanzas de la organización en Fernando ‘el Negro’ Galeano.

De acuerdo con los archivos judiciales citados por EL COLOMBIANO, Galeano y varios familiares estaban relacionados con el denominado Clan Galeano, cuya base de operaciones se encontraba en Itagüí.

La relación entre Escobar y sus antiguos aliados terminó de manera violenta. El jefe del Cartel de Medellín sospechaba que Galeano y su socio Gerardo ‘Kiko’ Moncada lo habían traicionado, por presuntos incumplimientos económicos y acercamientos con sus enemigos.

El 3 de julio de 1992, ambos fueron citados a La Catedral y asesinados por orden de Escobar. Sus muertes profundizaron la confrontación entre antiguos integrantes de la organización criminal.

Posteriormente, Diego Murillo, conocido como ‘Don Berna’ y quien había sido jefe de seguridad del Clan Galeano, participó en la conformación de Los Pepes, organización que combatió a Escobar y que estuvo vinculada a una etapa de violencia que golpeó al Valle de Aburrá.

Tras la muerte de Escobar en diciembre de 1993 y el debilitamiento de las estructuras del narcotráfico, las autoridades avanzaron en procesos para perseguir los bienes y las fortunas relacionadas con estas organizaciones.

En ese contexto, el edificio de Itagüí quedó sometido a extinción de dominio y pasó a la administración estatal.

Lo que viene, te lo contamos en redes.

La SAE prepara el inmueble para su comercialización

Aunque las historias sobre supuestas apariciones han marcado la reputación del edificio, su situación actual también está relacionada con las dificultades que ha enfrentado la administración del inmueble.

En 2024, ocho personas desplazadas intentaron ocupar la propiedad y llegaron acompañadas de un cerrajero para ingresar. Durante el episodio, el vigilante las confundió con personas que buscaban caletas de dinero y lesionó a dos de ellas con un arma traumática.

El caso fue registrado ante la Fiscalía como lesiones personales.

La SAE informó que actualmente adelanta actividades de alistamiento y gestión para comercializar el inmueble. Esta explicación contrasta con la percepción de algunos vecinos, quienes consideran que la edificación lleva años abandonada.

Así, el antiguo edificio de los Galeano reúne dos historias que siguen despertando interés en Itagüí: por un lado, el pasado del narcotráfico que marcó al municipio y, por otro, los relatos de quienes aseguran haber escuchado o visto situaciones extrañas en sus instalaciones.

Por ahora, no existen pruebas que permitan afirmar que el inmueble esté embrujado. Lo que sí está documentado es su vínculo histórico con el Clan Galeano, el proceso de extinción de dominio y la administración que ejerce actualmente la SAE.

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Alejadra Monet

Periodista antioqueña buscando historias donde otros ven rutina. Apasionada por el periodismo de calle, la cultura urbana y las transformaciones que mueven a Medellín.

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